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Lily Flower

¿En qué se basan las constelaciones familiares o configuraciones sistémicas?

El legado de Bert Hellinger es una Filosofía para la Vida, a la que ha llamado los Órdenes del Amor. Pertenezco a mi sistema familiar, y eso es inherente, no cambia nunca. Mi lugar en el sistema refleja una jerarquía, en mi caso, soy la primera hija, la hermana mayor de cuatro, la primera nieta, la primera sobrina, segunda esposa de…. Y eso es así, tampoco cambiará. En todas las relaciones exitosas hay un equilibrio entre el tomar y el dar: no se puede dar lo que no se tiene, ni se puede tomar más de lo que se necesita. Entonces, pertenencia, jerarquía y equilibrio entre tomar y dar son las tres leyes o principios básicos de la vida definen un orden muy preciso en todos los sistemas humanos. Si bien pareciera muy obvio, el incumplimiento de ese orden es muy habitual. Ese incumplimiento habla de “desorden”, y en el desorden, el buen amor no puede fluir. Bert decía: primero el orden, después el amor.

¿Cómo me doy cuenta si en mi sistema hay un desorden?

 

En primer lugar, no es algo racional que se comprende haciendo un análisis intelectual. Tampoco se puede averiguar si hay un desorden por simple curiosidad. Todos los miembros que forman parte de un sistema, desde generaciones anteriores al presente están unidos por profundos lazos de amor. Bert habla de “lealtades invisibles”. En las historias de las familias puede haber grandes sufrimientos, grandes traumas, historia de guerras, hambruna, inmigración, emigración, muertes tempranas, accidentes, abortos provocados o espontáneos, secretos familiares, estafas, homicidios, adicciones, “ovejas negras”, excluidos, muertes de parto, abusos, injusticias, violaciones, suicidios, calumnias, enfermedades graves, relaciones anteriores de padres y abuelos de las que nunca se habló, por lo que de alguna manera han sido excluidas. Aquello que quedó sin resolverse, por esa lealtad invisible que mencioné anteriormente, y por “amor ciego” (otro concepto introducido por Bert), miembros de generaciones posteriores se harán cargo de lo no resuelto, sin saberlo conscientemente. Entonces toda su energía se enfoca en ese pasado no resuelto, con la ilusión de “compartir o cargar el dolor”, de hacerse cargo por otros, ocupando un lugar que no les corresponde. Si la energía, la vida, la fuerza que a cada uno le tocó, no está disponible, surgen problemas. Por ejemplo: no puedo lograr una pareja, no consigo trabajo, estoy deprimido, la gente me margina, mi hijo tiene problemas en la escuela, mi marido me engaña, me siento siempre enfermo, no puedo tener hijos y no hay problema aparente, mi hijo es adicto a…, tengo mala relación con mi madre, y la lista sigue.

 

En general, cuando aparecen estos síntomas, podríamos pensar que hay un desorden sistémico. Dicho de otro modo: yo no ocupo mi lugar. Temas que trabajamos con los consultantes.

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